Comunicación para Unir.
Después de mi participación en el programa Políticamente Correcto de Ecuavisa, el pasado 19 de abril, donde critiqué con frontalidad al gobierno, decidí escribir algunas recomendaciones sobre lo que haría yo en materia de comunicación, partiendo de un principio fundamental: comunicar para unir, para convocar a trabajar juntos.
Así evito que quede la lectura de que solo critico, pero no propongo.
Comparto ahora un brevísimo resumen con algunas ideas para contribuir al replanteo de la comunicación gubernamental. Tengo claro que estas propuestas probablemente no serán aplicadas, pero quiero mostrarle a la gente que sí es posible —y necesario— construir una comunicación positiva, que convoque, motive y nos devuelva la esperanza.
Yo me concentraría en tres ejes:
• Seguridad
• Salud
• Energía
Son los tres temas que hoy generan mayor ruido negativo porque concentran las principales preocupaciones de la ciudadanía.
SEGURIDAD
Es un error básico orientar la comunicación de seguridad exclusivamente hacia la operación contra la delincuencia: declaratorias de emergencia que asustan, titulares rimbombantes y exagerados, una narrativa épica que no funciona.
En esa línea no hay forma de ganar la batalla comunicacional. Las cifras no venden; basta un nuevo hecho delictivo para revertir cualquier percepción de avance.
¿Qué haría yo?
Dedicaría la comunicación a dos grandes temas:
1. Una gran campaña para prevenir y combatir el microtráfico y el reclutamiento de niños y adolescentes por parte de los GDO.
Para eso hay que convocar y trabajar junto a gobiernos locales, escuelas, colegios, universidades y barrios, especialmente en las ciudades metropolitanas y zonas donde estas situaciones son más frecuentes.
Pondría al presidente a recorrer el país, reuniéndose con rectores, profesores, padres de familia, líderes barriales, ONGs de trabajo social y expertos. Un gran acuerdo nacional para proteger a nuestros niños y adolescentes.
Y dejaría la vocería operativa en manos de las fuerzas de seguridad.
Esto supone dejar de polarizar y de buscar culpables, para pasar a unir. Es un cambio total de estilo. Pero, sobre todo, significa darle a la seguridad un tono positivo, una luz de esperanza.
¿Qué puede pensar la señora Rosita si el presidente llega a la escuela de su hija y habla sobre la necesidad de trabajar juntos para proteger a nuestros niños y jóvenes? Se identifica. Percibe que al presidente sí le preocupan sus hijos.
2. Exigir a la justicia
Si no hay sanción, si los delincuentes salen por la puerta giratoria, de poco sirve todo lo demás.
Las fuerzas de seguridad capturan y desarman bandas que luego regresan a las calles gracias al apoyo o permisividad de fiscales y jueces.
SALUD
Comunicaría tres temas:
• Atención primaria
• Prioridad en la compra de medicamentos
• Digitalización integral del sistema
Atención primaria
Más del 90 % del sistema atiende casos de primer nivel: problemas gástricos en la Costa, enfermedades respiratorias en la Sierra, entre otros.
Me concentraría en mejorar ese servicio: citas, centros de salud, orden y calidad de atención.
Y comunicaría esos avances todos los días. El presidente visitando centros de salud sin previo aviso, disponiendo correctivos, interactuando con madres y niños.
Hace tiempo que no vemos campañas preventivas por el invierno en la Costa: evitar agua estancada, hervir el agua… ¡PREVENCIÓN! ¡PEDAGOGÍA CÍVICA!
Lo mismo en la Sierra: consejos para evitar problemas bronquiales y respiratorios.
Compra de medicamentos
Aquí se requieren cambios legales que permitan, con garantías de transparencia, superar las barreras del engorroso y muchas veces tramposo sistema de compras públicas.
Un ranking de medicamentos prioritarios, análisis de cantidades y logística.
El presidente informado semanalmente sobre el tema. Un equipo desde Presidencia siguiendo el cronograma de ejecución, reportando avances y destrabando nudos críticos.
Digitalización de la información
A estas alturas, el ministro de Salud debería tener en su escritorio un “dashboard” en tiempo real donde pueda ver atención, casos, cobertura, porcentajes, datos geográficos y etarios, situación por región y hospital, disponibilidad de medicamentos, alertas, etc.
¿Cómo toma decisiones hoy? ¿Con informes en Excel que ni siquiera sabemos si son confiables?
A eso se suma la rotación permanente de ministros y funcionarios.
Inestabilidad: otra de las razones de fondo por las cuales el problema nunca se resuelve.
ENERGÍA
Aquí existe un problema estructural: un ministerio que maneja simultáneamente Energía, Petróleo y Minería.
Tres sectores gigantescos, decenas de miles de millones de dólares, problemáticas completamente distintas, un laberitno de instituciones y empresas llenas de opacidades y discrecionalidad; y para redondear el drama, una permanente guerra de intereses que genera presiones contrapuestas enormes.
Y, para completar, se incorporó el Ministerio de Ambiente, que por definición suele entrar en tensión con esos sectores.
No hay forma de que un ser humano maneje semejante carga.
En ese contexto, la relación entre la técnica y la política, fundamental para que las decisi0nes se tomen con algun coherencia, termina siendo una confrontación donde la técnica pierde por goleada.
Hay muchos problemas: hidroeléctricas mal construidas, falta de mantenimiento de infraestructura, redes de transmisión, refinerías, nromativas hechas para impedir, entre otros.
La batalla de intereses frena inversiones fundamentales —como algunas hidroeléctricas y proyectos fotovoltaicos— porque existen negocios muy lucrativos en la contratación de energía térmica de corto plazo, reparaciones y contratos emergentes.
Primero se necesita una fuerza de tarea que trabaje en un plan para ordenar este caos. Un equipo con capacidad de priorización: atender lo urgente mientras diseña la estrategia de mediano y largo plazo.
Que haga recomendaciones ejecutables de inmediato, mientras profundiza temas como tarifas, cambios legales y racionalización del sistema de empresas y entidades, bajo un criterio básico: que las decisiones políticas se tomen sobre bases técnicas sólidas.
En comunicación, yo le contaría a la gente esta realidad. Le diría que es un camino, que tomará tiempo, pero que estamos dando pasos para construir un mejor futuro para todos.
Ahí hay un cambio de raíz; ahí puede estar la semilla de un nuevo Ecuador.
También haría pedagogía ciudadana:
Pedir a la gente el uso responsable del aire acondicionado —a 24 grados en lugar de 20, por ejemplo— o controlar el consumo eléctrico en el sector público, donde frecuentemente se dejan luces encendidas toda la noche.
Eso, por sí solo, no cambia el sistema, el ahorro es mínimo. Pero tiene un enorme valor simbólico: fomenta cultura cívica y responsabilidad compartida.
La minería también necesita una pedagogía fuerte y sostenida, que explique por qué es necesaria, cuáles son sus beneficios y como se protegerá el ambiente: fuentes de agua, flora y fauna.
Solo así se puede abrir la posibilidad de concretar esas inversiones. Mientras tanto, la minería ilegal se consolida como la normalidad del sector y con ella, la toma de estado por esa trilogía nefasta: narco, funcionarios corruptos, empresas inescrupulosas. Cómo me decía un amigo del sector: ya no es posible operar legalmente.
También existen otros temas que deberían ser investigados y comunicados con transparencia y honestidad:
La crisis del IESS, que según muchos expertos confiables se acerca al colapso.
“En dos años no habrá plata para pagar pensiones”, dijo hace pocos días Alberto Dahik, economista cercano al presidente.
O cómo vamos a enfrentar el desafío de la Inteligencia Artificial, que todavía genera miedo en muchos sectores.
O cómo vamos a fortalecer la normativa y la institucionalidad política, para evitar lo que vuelve a pasar, cómo en tiempos de “Cepillín”, un CNE convertido en sucursal de Carondelet, que sostiene partidos precarios, con una norma contradictoria y discrecional.
No se trata de imponer, sino de persuadir. De mostrar el camino.
Convocar, unir, motivar. Esperanza: luz al final del túnel.
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